El día en que Evita miró hacia el norte
| Reflexiones |
El próximo martes se cumplirán 60 años de la transmisión radial del discurso de Eva Perón en el que ella declinó acompañar a Juan Perón como candidata a vicepresidenta en las elecciones del 11 de noviembre de 1951. Unos días antes de esa decisión –que la historia recuerda como El renunciamiento de Evita–, el 22 de agosto, ella había acompañado a Juan Perón y a la dirigencia de la CGT en un acto multitudinario llevado a cabo en la avenida 9 de Julio y Belgrano, allí donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró una obra plástica que recuerda a la Abanderada de los Pobres.
La obra, concebida y realizada por los artistas Roberto Santoro y Alejandro Marmo, tuvo la originalidad de estar en ambos costados del edificio donde funcionan los ministerios de Desarrollo Social y de Salud. Uno, el que mira al sur, fue inaugurado por Cristina el 26 de julio, al cumplirse 59 años de su muerte, se inspira en la foto que ilustra La razón de mi vida, la obra póstuma de Eva. El otro, el que se orienta al norte, muestra a Eva frente al micrófono, y evoca el renunciamiento.
El 26 de julio, al hablar desde la mismísima 9 de Julio, Cristina propuso, de modo retórico, entender que esa Evita que miraba al sur estaba dialogando con los humildes, con los que protagonizaron el 17 de octubre, los que honraron la dignidad con la resistencia. Esas palabras de la Presidenta dejaron lugar a pensar el país de los abismos sociales, la brecha entre pobres y ricos, entre cabecitas negras y oligarcas, para decirlo en los términos que se entendía la Argentina de esos años y que, de distintas maneras, reaparece en cada momento de tensión social y política. La Argentina, desde 1943 empezó a vivir el peronismo-antiperonismo como la demarcación primaria de las diversas identidades. En este imaginario –que atravesó a no menos de tres generaciones–, el sur representa el territorio peronista y el norte el territorio antiperonista. En esos días, los analistas políticos veían las resistencias al kirchnerismo en algunos distritos electorales gravitantes como la Capital, Santa Fe y Córdoba. No sólo por los conglomerados urbanos con sectores de buen pasar sino también porque son las provincias de la pampa húmeda donde el boom sojero fue la base para la protesta de las patronales agropecuarias de 2008.
Quedaba, entonces, planteado ese frío 26 de julio en que habló Cristina –desde el mismo escenario en que Evita se había dirigido a los humildes el 22 de agosto de 1951–, qué pasaría cuando se inaugurara la cara norte de esta obra plástica. Con más preguntas que certezas respecto de cuál sería el comportamiento electoral de las capas medias urbanas y rurales. Ahora que la Presidenta mostró a la Evita que habla al micrófono el escenario es demasiado impactante. Quizá porque esa Argentina del norte es mucho menos anticristinista de lo que pensaban –y piensan– algunos referentes del pensamiento gorila. Pero también porque se solía mirar al país con los límites que lo pensaron los arquitectos de una república a la medida de la dependencia y no en términos de la Patria Grande. Y por un motivo más: porque el norte lejano, el que tiene como epicentro a Europa occidental y a Estados Unidos, entró en un escenario crítico.
Washington y Unasur. Diez días después de aquel discurso de Cristina, Standard & Poors bajaba la calificación de Estados Unidos. Una medida sin precedentes. El tironeo entre facciones políticas y corporativas llevó a que las Bolsas empezaran a recular y que se sincerara el escenario recesivo que aqueja a varios de los países centrales. A los pocos días, republicanos y demócratas no sellaban ningún acuerdo serio para aumentar el techo de endeudamiento del gobierno federal y Barack Obama quedaba claramente debilitado en el camino a intentar su reelección en 2012. Standard & Poors hacía rodar la cabeza de Deven Sharma, el director ejecutivo que había osado bajarle la nota a Estados Unidos y, a rey muerto rey puesto, Douglas Peterson dejaba de apuro su alto cargo en el Citibank para que todo pareciera igual al día anterior a la descalificación. Washington, golpeada, con su proceso recesivo a la luz pública, reaccionó como reaccionan las capitales imperiales. La CNN de la última semana se regodeó con la caída de Trípoli como si fuera la liberación de París en 1944. Los bombardeos de la Otan y la provisión descarada de hombres y armas a los que acorralaron y desplazaron a Muammar Khadafi fueron decisivos para que Libia sea muy diferente a las revoluciones de Túnez y Egipto. La Otan funciona con prevalencia norteamericana y el objetivo no es sólo el petróleo libio, que ya lo tenían en sus manos las empresas privadas, sino la ocupación del país para convertirlo en el vértice de las bases militares de Estados Unidos en África y Medio Oriente. Sin Irán y sin Egipto, la gran potencia militar del mundo busca un nuevo país que sirva de retaguardia. La lógica imperial es contundente: Estados Unidos tiene un presupuesto militar anual equivalente al del resto de las naciones del mundo. Con algo más del 5 por ciento de la población mundial gasta en armamentos el equivalente a la mitad de los habitantes del globo. Eso sí, más allá del relevo de mando en Standard & Poors, el capital financiero no se da por enterado de que el déficit fiscal norteamericano se explica básicamente por eso.
En la Argentina, hubo una versión en clave de farsa de otra calificadora de riesgo. El jueves, Moody’s decidió que los bancos argentinos son vulnerables y decidió, solita su alma, ponerle mala nota –negative outlook, en este caso– a las entidades financieras nacionales. La causa: las “medidas intervencionistas del gobierno en los próximos 12-18 meses”. Una farsa porque no se conoce ningún plan ya que, sepa Moody’s, faltan las elecciones del 23 de octubre. Pero ya muchos abren el paraguas. Justo ese día, la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, daba una charla en la Facultad de Economía de la Universidad de La Plata destinada a debatir las currículas, intoxicadas de neoliberalismo. “No dejo de sorprenderme –dijo Marcó del Pont en su exposición– de la irresponsabilidad y falta de profesionalismo de estas calificadoras. El sistema financiero está en sus mejores niveles históricos en sus indicadores de liquidez, solvencia y morosidad. Lo importante es entender, aunque no esté dentro de la concepción ideológica de estas calificadoras, que la fortaleza del sistema financiero tiene que ver directamente con la fortaleza de la economía nacional.” La que salió a hablar por Moody’s fue su vicepresidenta, Andrea Manavella, formada en la Universidad Católica y el Instituto de Altos Estudios Empresariales, y que sólo tiene antecedentes laborales en otra descalificadora, Fitch. Por supuesto, hasta la Asociación de Bancos de la Argentina, que nuclea a la banca comercial extranjera (Citi, JP Morgan Santander y Hsbc entre otros). Como dato auxiliar, en 2010, los bancos obtuvieron de ganancias 12.000 millones de pesos, la cifra récord, por lejos, de la historia.
El gran tema es que mientras las descalificadoras quedan en solitario, Buenos Aires fue sede de encuentros entre los cancilleres de Unasur más los de China, Japón y Australia en los que se ratificó el compromiso asumido por los ministros de Economía y presidentes de bancos centrales de Unasur de la semana anterior. Las consignas son desdolarizar las transacciones comerciales y avanzar en el comercio entre los países representados en el encuentro. Se trata de un tercio de la población mundial y del 40% del comercio internacional.
En esta línea está la mirada de Cristina Fernández de Kirchner si es que se impone el 23 de octubre. Por eso, el próximo lunes 5 de septiembre, hará público, desde Tecnópolis, el Plan Estratégico Agroalimentario. Y la mirada de la Presidenta es desde el sur y por supuesto hacia el sur, pero también hacia los restantes puntos cardinales. Una propuesta para las mayorías populares a la vez que atiende al mundo en el que están insertas la Argentina y la región suramericana.
¿Qué es la hegemonía? Miguel Ángel Cárcano, por poner un ejemplo de un conservador que pensaba la República desde la estancia, era abogado, escritor y político. Además de diputado nacional a los 35 años, era académico de Agronomía y Veterinaria, de Ciencias Económicas, de Letras y de Historia. Su tesis universitaria es un libro de consulta en legislación agraria. En 1933 acompañó a Julio Roca (h) al momento de la firma del tratado Roca-Runciman y constituyó una ratificación de la entrega de la Patria a Gran Bretaña. Cárcano fue uno de los que comprendieron tempranamente que los sectores dominantes debían adaptarse para poder tener un futuro. Tras la Segunda Guerra Mundial, el futuro era ir tras Estados Unidos. Sin embargo, en el frágil gobierno de Arturo Frondizi, siendo canciller, Cárcano encabezó la delegación argentina en la Conferencia de Punta del Este de 1961, donde estuvo Ernesto Che Guevara. Allí sostuvo el voto decidido por Frondizi de abstenerse de la condena a Cuba que pedía el gobierno de John F. Kennedy. Por entonces, los gurkas pronorteamericanos dominaban la escena en el Ejército y la Marina. Las voces de Rosendo Fraga (padre) y de Isaac Rojas no dejaron de alertar sobre el peligro del castrocomunismo, de insultar a Frondizi y de sentirse defraudados por Cárcano. El entonces presidente y el todavía canciller no eran arribistas improvisados sino cuadros político-intelectuales de estatura. Cárcano murió en 1978 y posiblemente haya sido uno de los últimos pensadores conservadores que no dudaron en cambiar sus puntos de vista sin necesariamente traicionar los intereses de clase que defendía. Otro, tanto o más interesante que Cárcano, es el tucumano Raúl Prebisch, que también formaba parte del concierto de cuadros probritánicos en la década infame. De hecho, Prebisch en 1935 fue el primer gerente general del Banco Central y trabajó para la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. Cabe consignar que Prebisch recomendaba asociarse al FMI al tiempo que era director ejecutivo de la Cepal. Sin embargo, uno de sus trabajos póstumos –Capitalismo periférico, crisis y transformación– muestra un interesante cambio de ideas.
Cuando la derecha opositora busca explicaciones a su languidez electoral, debería pensar en quiénes son los cuadros a los que lee y relee así como quiénes son los intelectuales de los que se nutre.
Deberían ver, por ejemplo, que hoy la Cepal tiene al frente a la brillante economista mexicana Alicia Bárcena, una de las arquitectas de la unidad de la región. Y que el canciller argentino, Héctor Timerman, es el hijo de un brillante editor y periodista –Jacobo– que también pensó la Argentina de los años sesenta y setenta y fue víctima de una dictadura feroz. Timerman (h) es una de las espadas que tiene la Presidenta en estas horas. También lo es la presidenta del Central, la mencionada Marcó del Pont, a quien todavía la Comisión de Acuerdos del Senado le debe la designación definitiva al frente de la entidad. Marcó del Pont viene de formación desarrollista, discípula de Héctor Valle, y pasó años en la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo. También es una espada el ministro de Economía y candidato a vice, Amado Boudou, que hizo estudios de postgrado en la Ucema, la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos, que en los noventa fue una usina neoliberal. Muchos de sus cuadros o ex alumnos no fueron necios y vieron lo que fue la Argentina de diciembre de 2001. Por eso, al compás de los cambios encarados por Néstor Kirchner, fueron sumando su conocimiento y entusiasmo a esta nueva etapa. Podría nombrarse a muchos de los que piensan la Argentina y ocupan lugares destacados. Pocos intelectuales especialistas en relaciones internacionales tan mediáticos como Carlos Escudé, hoy una voz autorizada para entender el rol de Estados Unidos como gendarme mundial a la vez que alerta sobre la oportunidad que tiene Suramérica en esta hora.
Mucho podría hablarse sobre el cambio de paradigmas de estos años y de la inserción de la Argentina. Sólo dos menciones indispensables. La Corte Suprema de Justicia tuvo una historia de infortunios entre los que se encuentra haber avalado el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, del que se van a cumplir 81 años en pocos días. Ese apoyo se convirtió en una doctrina nefasta que dio oxígeno a tantísimos otros atropellos que derivaron en matanzas de adversarios y culminaron en el genocidio de la última dictadura cívico militar. La actual Corte, la que derogó esa nefasta doctrina, tiene de presidente a Ricardo Lorenzetti, quien acaba de publicar –en coautoría con Alfredo Kraut, secretario de Gestión de la Corte–, Derechos humanos: justicia y reparación - La experiencia de los juicios en la Argentina. Crímenes de lesa humanidad (Sudamericana) (ver "Derechos humanos: justicia y reparación"). Se trata de juristas que no sólo piensan estos tiempos sino que le ponen el cuerpo. Sientan bases de institucionalidad y soberanía. La otra mención es una prueba más de cómo actúa un descendiente de las ideas desarrollistas encumbrado en el monopolio mediático Clarín. Magnetto fue con Héctor Aranda y algunos periodistas del diario a la Embajada de Estados Unidos en 2007 a pedirle al embajador Anthony Wayne el apoyo concreto a su proyecto de televisión digital, por supuesto con la norma norteamericana. En esa reunión, de acuerdo al cable de WikiLeaks, Magnetto le dijo a Wayne que ellos marcaban la agenda y podían voltear gobiernos (ver nota "Magnetto en la Embajada norteamericana"). Apenas cuatro años después, la TDA (Televisión Digital Abierta) es una realidad en la Argentina y tiene la misma norma que había elegido Brasil (la japonesa). Se trata de un servicio público, de acceso gratuito, puesto en marcha por el Estado. Ya hay 23 estaciones de TDT funcionando en el país. El jueves, la Presidenta inauguró las últimas, las que dan cobertura a Rosario, Posadas y Río Gallegos. Ayer, además, se entregó el decodificador número 600.000 que permite acceder a un paquete de canales gratuitos. Al frente de este emprendimiento hay un arquitecto, Julio De Vido, que hace ocho años está al frente del Ministerio de Planificación Federal, que había acompañado en similares funciones a Néstor Kirchner en Santa Cruz y que antes había trabajado en Entel, la empresa de telefonía pública.
Por Eduardo Anguita
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28/08/11 Miradas al Sur